Te acostumbras a pedir menos.
A callar más.
A conformarte con migajas de amor.
Y un día entiendes que llevas demasiado tiempo sobreviviendo en una relación donde deberías sentirte amada.
La verdad incómoda es esta:
Muchas mujeres no abandonan al narcisista porque dejan de amarlo.
Lo abandonan porque finalmente empiezan a amarse a sí mismas.
Y ahí todo cambia.
Porque cuando recuperas tu dignidad, las excusas dejan de funcionar.
Cuando recuperas tu valor, la manipulación pierde poder.
Y cuando recuperas tu paz, entiendes que estar sola nunca fue el verdadero problema.
El verdadero problema era sentirte sola al lado de alguien que decía amarte.
👉”Hoy quiero leerte.
¿Qué fue lo último que te hizo el narcisista que te obligó a decir “hasta aquí llegué”?
“El día que dejaste de perseguir su amor, comenzaste a recuperar tu vida.”