Cuando finalmente llega la noche y el cuerpo permanece quieto durante más tiempo, algunas personas perciben con mayor intensidad sensaciones como:
Pesadez en las piernas.
Hormigueo.
Hinchazón leve en tobillos.
Sensación de calor o frío en los pies.
Calambres ocasionales.
Estas molestias pueden interferir con el sueño y provocar despertares frecuentes.
Cambios naturales asociados con la edad
El envejecimiento produce modificaciones normales en distintos sistemas del organismo. Entre ellas se encuentran algunos cambios relacionados con la circulación.
Por ejemplo:
Las venas pueden perder parte de su elasticidad.
Las válvulas venosas pueden funcionar con menor eficacia.
La masa muscular disminuye con el paso del tiempo.
Muchas personas realizan menos actividad física que en décadas anteriores.
Todo ello puede hacer que el retorno de la sangre hacia el corazón sea ligeramente menos eficiente, especialmente después de muchas horas de actividad.
Factores que pueden empeorar la circulación
Existen hábitos cotidianos que pueden favorecer la aparición de molestias nocturnas.
Entre los más comunes se encuentran: