La industria farmacéutica de miles de millones no construye imperios alrededor de algo que cuesta unos cuantos pesos en el mercado. Y por eso nadie te lo pone en letras grandes: porque el remedio barato no deja la misma ganancia que la medicina de patente.

Pero aquí no estamos hablando de cuentos. Estamos hablando de un mecanismo que tu cuerpo reconoce al instante, como cuando por fin le pones aceite a una puerta que llevaba años chillando.