Por eso muchas personas notan primero la textura. La piel se siente menos áspera, menos cargada, menos apagada. Después, cuando la superficie deja de verse tan sucia, las manchas y las sombras se notan menos agresivas.
La cara no siempre necesita más producto. A veces necesita que la dejen respirar.

Y aquí está el punto que incomoda: cuando la piel está saturada de restos, cualquier crema parece que “no hace nada”. No es que la crema falle. Es que está tratando de trabajar sobre una capa que estorba como una ventana empañada por dentro