Ingredientes
1 cucharada de semillas de chía.
2 cucharadas de avena en hojuelas.
Media pera madura con su cáscara, bien lavada.
1 taza de agua.
Una pizca de canela, opcional.
Preparación
Coloca la chía y la avena en un recipiente con el agua.
Déjalas reposar entre 20 y 30 minutos. También puedes preparar la mezcla por la noche, guardarla tapada en el refrigerador y utilizarla al día siguiente.
Lava correctamente la pera, córtala en trozos y retira las semillas y la parte central.
Coloca todos los ingredientes en una licuadora y procesa hasta obtener una bebida uniforme.
Puedes añadir un poco más de agua si prefieres una textura ligera.
Consume la preparación lentamente y acompáñala con suficiente líquido durante el resto del día.
No es recomendable ingerir grandes cucharadas de semillas secas sin hidratarlas, especialmente si después no se consume suficiente agua.
¿Qué aporta cada ingrediente?
Avena
La avena es un cereal integral y una fuente práctica de fibra. Puede incorporarse en bebidas, yogur, sopas y otras preparaciones.
Su ventaja principal es que resulta fácil de encontrar y combinar con alimentos frescos. No actúa como un purgante ni produce una evacuación inmediata, pero puede contribuir al consumo total de fibra cuando se utiliza con regularidad.
Semillas de chía
Las semillas añaden fibra y permiten obtener una textura espesa después de absorber líquido.
Una cucharada es suficiente para comenzar. Utilizar cuatro o cinco cucharadas desde el primer día puede provocar gases, distensión o incomodidad en personas que no están acostumbradas a consumir mucha fibra.
Pera
Las frutas son fuentes naturales de fibra. Cuando son aptas para consumirse con la cáscara y se lavan adecuadamente, esa parte puede aportar fibra adicional.
El NIDDK incluye las peras, las manzanas con cáscara, las bayas y las naranjas entre las frutas que pueden contribuir al consumo de fibra. (Instituto Nacional de Diabetes)
La importancia del agua
Aumentar la fibra sin consumir suficientes líquidos puede resultar contraproducente.
El agua ayuda a que la fibra cumpla mejor su función y contribuye a que las heces sean más suaves y fáciles de expulsar. Las necesidades de líquido varían según el tamaño corporal, el clima, la actividad física, los medicamentos y las condiciones de salud. (Instituto Nacional de Diabetes)
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