Hay ejercicios de respiración y movimientos físicos que también ayudan a expulsar la flema. Respirar profundamente y toser de manera controlada permite que las vías respiratorias se despejen de manera natural. Incluso algo tan sencillo como caminar o moverte activamente durante el día mejora la circulación y puede favorecer que la mucosidad se mueva hacia afuera, reduciendo la sensación de garganta congestionada.
Aunque muchas personas recurren a medicamentos para descongestionar, a veces la solución natural puede ser suficiente si la flema no está asociada a una infección más seria. Sin embargo, si notas que la mucosidad es muy abundante, de color verde oscuro o con sangre, o si viene acompañada de fiebre o dificultad para respirar, lo más recomendable es acudir a un médico para descartar cualquier problema más grave.
Existen también remedios caseros tradicionales que han demostrado ser efectivos con el tiempo. Por ejemplo, mezclar miel con limón en agua caliente es un clásico. La miel suaviza la garganta irritada y el limón aporta vitamina C y propiedades antibacterianas. Otra opción es el vinagre de manzana diluido en agua, que algunas personas utilizan para equilibrar el pH y reducir la mucosidad. Aunque estos métodos no eliminan la flema instantáneamente, sí contribuyen a que la garganta se sienta más cómoda y la mucosidad sea más fácil de expulsar.
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