Y por eso mismo tantas personas llegan tarde a esta idea: no porque no funcione, sino porque no deja el negocio que dejan las pastillas, los geles y los productos “milagro” que prometen alivio mientras vacían la cartera.
Donde las piernas lo sienten primero
El primer cambio suele sentirse abajo, justo donde la sangre se estanca. Las pantorrillas dejan de sentirse como piedra mojada, los tobillos ya no terminan tan cargados y esa presión rara que te acompaña al final del día empieza a ceder.

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