Hay hijos que pasan años hablando de los errores que cometió su madre, de lo que les faltó o de las heridas que creen haber recibido.
Y algunas de esas heridas son reales.
Porque ninguna madre es perfecta.
Pero pocas veces se detienen a pensar que detrás de esa mujer también hubo una historia.
Una mujer que quizás creció con sus propias carencias.
Que también conoció el rechazo, las decepciones, los miedos y las heridas que nadie se preocupó por sanar.
Aun así, siguió adelante. Crió, trabajó, sostuvo y amó con las herramientas emocionales que tenía en ese momento.
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