A causa de estos procedimientos, sufrió fuertes efectos secundarios. Explicó que sentía intensos dolores, sus glándulas salivales dejaron de funcionar, no podía ingerir alimentos sólidos y además tenía dificultades para dormir.
Describió ese período como uno de los más difíciles de su vida, ya que gran parte del tiempo solo podía permanecer sentado, leyendo o viendo televisión mientras bebía agua constantemente, confiando en que Dios le daría fuerzas para seguir adelante.
El 20 de noviembre de 2024 recibió una noticia que llenó de esperanza a su familia: los médicos confirmaron que ya no había señales de cáncer en su organismo. No obstante, las secuelas del tratamiento continuaban afectando su vida diaria, pues necesitaba tener siempre un vaso de agua para poder tragar.
Tiempo después, mientras veía el programa The 700 Club, escuchó al presentador orar por una persona que padecía problemas en las glándulas salivales debido a tratamientos de radiación. Durante la oración, declaró que Dios estaba restaurando esa condición en el nombre de Jesús.
Campbell sintió que aquellas palabras estaban dirigidas a él y creyó que Dios le estaba mostrando que recibiría sanidad. Según contó, aproximadamente dos días después comenzó a notar un cambio inesperado: su boca volvió a producir saliva con normalidad y pudo comer pan por primera vez en varios meses.