La vitamina D también apaga fuegos internos que se quedan prendidos por debajo de la superficie. Cuando ese incendio baja, el cuerpo deja de sentirse como un metal caliente bajo el sol de mediodía y empieza a moverse con más soltura.
La industria farmacéutica de miles de millones no necesita que pienses en esto porque no hay patente escondida dentro de la luz del amanecer. Y por eso nadie te lo dijo: no porque no funcione, sino porque no deja el mismo dinero que una solución empaquetada, brillante y cara.

Por qué las piernas lo gritan primero
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