Posteriormente fue inducido a un coma y conectado a un respirador. Días después, los médicos informaron a la familia que probablemente presentaba muerte cerebral y que las posibilidades de sobrevivir eran extremadamente bajas. Incluso advirtieron que, si lograba vivir, podría permanecer en estado vegetativo.
Ante ese panorama, la familia tomó la difícil decisión de retirarle el soporte vital, convencida de que él no habría querido permanecer en esas condiciones. Sin embargo, Linda expresó su confianza en Dios y aseguró que el Señor tenía la última palabra.
Los especialistas estimaban que el pastor no sobreviviría mucho tiempo después de desconectar las máquinas, pero ocurrió algo que sorprendió a todos: pocas horas más tarde comenzó a moverse por sí mismo, dando inicio a una recuperación inesperada.
Tras permanecer varias semanas hospitalizado y continuar un proceso de rehabilitación, Michael logró salir adelante. Aunque deberá tomar anticoagulantes de por vida, considera que es un pequeño precio comparado con la oportunidad que Dios le concedió.
El pastor también agradeció el trabajo del personal médico y afirmó que Dios utilizó a médicos y enfermeras para cuidar de su vida. Además, recordó que durante su estado crítico tuvo una visión de abejas y más tarde supo que familiares y amigos estaban orando con el Salmo 118:12, un pasaje que fortaleció su fe.