“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba.” (Salmo 3:5)

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“Yo me acosté y dormí, y desperté, porque Jehová me sustentaba.” (Salmo 3:5)

 

Cada noche, cuando cerramos los ojos, dejamos de tener el control de muchas cosas. Sin embargo, Dios permanece despierto cuidando de nosotros. El hecho de abrir los ojos a un nuevo amanecer no es una casualidad, sino una muestra más de su fidelidad y de su misericordia.

 

Este versículo nos recuerda que, aunque ayer estuvo lleno de luchas, preocupaciones o lágrimas, Dios nos sostuvo en silencio mientras descansábamos. Él fue quien guardó nuestra vida y nos regaló una nueva oportunidad para seguir adelante.

 

Si hoy despertaste, es porque el Señor aún tiene propósito para ti. Hay bendiciones que todavía no has visto, puertas que Él puede abrir y fuerzas nuevas que solo Él puede dar. No permitas que el temor o el desánimo roben la esperanza que Dios ha puesto delante de ti.

 

Agradece por este nuevo día y camina con confianza, porque el mismo Dios que te sostuvo durante la noche también te sostendrá en cada paso del camino. Cuando Dios es quien te sustenta, ningún desafío es más grande que su poder y ningún amanecer llega sin su gracia.

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