Ajoeno.
Sulfuro de dialilo.
Trisulfuro de dialilo.
Tiosulfinatos.
Compuestos organosulfurados.
Estos componentes han demostrado diferentes actividades biológicas en investigaciones realizadas en laboratorio y en estudios con animales, lo que ha impulsado nuevas investigaciones sobre sus posibles aplicaciones.
¿Qué dice la investigación sobre su acción frente a bacterias?
Diversos estudios de laboratorio han observado que algunos extractos de ajo pueden dificultar el crecimiento de determinadas bacterias cuando se encuentran en condiciones controladas.
Entre los microorganismos que han sido objeto de investigación se encuentran especies como:
Staphylococcus aureus.
Escherichia coli.
Salmonella.
Helicobacter pylori.
Listeria monocytogenes.
Klebsiella pneumoniae.
Pseudomonas aeruginosa.
Estos hallazgos son interesantes desde el punto de vista científico, pero conviene recordar que los resultados obtenidos en placas de laboratorio no siempre se traducen en el mismo efecto dentro del organismo humano.
Por ello, el ajo no debe considerarse un sustituto de los antibióticos cuando un profesional de la salud los prescribe para tratar una infección bacteriana.
Un aliado para el sistema inmunológico
Además de su posible actividad antimicrobiana, el ajo también ha sido estudiado por su relación con el sistema inmunitario.
Algunas investigaciones sugieren que el consumo habitual de ajo dentro de una alimentación equilibrada podría contribuir al funcionamiento normal de las defensas gracias a la presencia de compuestos antioxidantes.
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