El aceite de oliva es uno de los ingredientes más representativos de la alimentación mediterránea. Su sabor, versatilidad y contenido de grasas insaturadas permiten utilizarlo en ensaladas, vegetales, pescados y otras preparaciones. También se ha vuelto popular la costumbre de tomar una cucharada en ayunas, acompañada ocasionalmente de limón o agua.
En las redes sociales es común encontrar publicaciones que aseguran que esta práctica puede “limpiar”, reparar o transformar los riñones. Sin embargo, el aceite de oliva no funciona como un medicamento ni tiene la capacidad de revertir una enfermedad renal. Su posible beneficio se encuentra en utilizarlo como parte de una alimentación equilibrada, especialmente cuando reemplaza grasas menos saludables.
Conocer la manera correcta de consumirlo permite aprovechar sus cualidades sin caer en promesas exageradas ni poner en riesgo la salud.
¿Qué función cumplen los riñones?
Los riñones son dos órganos encargados de filtrar la sangre, retirar sustancias de desecho y colaborar en el equilibrio de líquidos y minerales. También participan en el control de la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y el mantenimiento de los huesos.