Bajo el Yugo del Abismo: El Secuestro Espiritual de la Voluntad
El matrimonio fue diseñado por Dios como un pacto sagrado de unidad, amor y protección. Sin embargo, porque es algo santo, se ha convertido en uno de los blancos principales del enemigo.
La Biblia nos recuerda en Efesios 6:12 que nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino contra huestes espirituales. Cuando dos personas se convierten en “una sola carne”, no solo es una unión física o emocional, sino que se establece un cordón espiritual entre ellos. Esto significa que si una de las partes es atacada o manipulada externamente, el otro cónyuge puede sentir los efectos en su propio espíritu, alma y cuerpo. Desde que Dios me llamó al ministerio de liberación, he podido discernir una realidad dolorosa que se repite constantemente: muchas crisis matrimoniales no son naturales, sino provocadas.
Es importante ser claros: No todos los problemas son brujería. Todo matrimonio atraviesa temporadas de prueba, desacuerdos o enfriamiento natural por el estrés o el pecado. El madurez espiritual nos llama a examinar nuestro propio corazón primero. Pero hay una línea roja que no debemos ignorar: cuando los cambios son abruptos, radicales y van en contra de la naturaleza propia de la persona, debemos prestar atención espiritual. Ignorar estas señales puede ser tan peligroso como atribuirlo todo al diablo; el equilibrio está en el discernimiento.