Porque el problema real no son solo las arrugas. Es el incendio lento que las empuja desde abajo: inflamación, oxidación, circulación floja y un rostro que recibe menos combustible del que necesita para sostenerse firme.
Abre los ojos en el baño, con la luz blanca pegándote de frente. Ahí están otra vez esas líneas junto a la boca, la sombra bajo los ojos y la sensación de que tu cara se ve “cansadita” aunque te hayas arreglado. Te echas crema, te masajeas tantito, y el espejo sigue devolviendo la misma historia.