Las personas con enfermedad renal avanzada, insuficiencia cardíaca u otras condiciones pueden necesitar limitar los líquidos. Por eso, no deben aumentar el consumo de agua sin consultar con su médico.
Mantenerse físicamente activo, controlar el peso, dormir adecuadamente y evitar el tabaco también ayuda a reducir factores asociados con el deterioro renal. La presión arterial y la glucosa deben revisarse periódicamente, especialmente cuando existen antecedentes familiares de diabetes o enfermedad renal.
Otro punto importante es evitar el uso frecuente de analgésicos sin supervisión. Algunos medicamentos pueden afectar los riñones cuando se consumen durante periodos prolongados o en cantidades superiores a las recomendadas.
¿Quiénes deben tener más cuidado?
Las personas diagnosticadas con enfermedad renal no deberían seguir recomendaciones generales encontradas en redes sociales. Dependiendo de la etapa de la enfermedad y de sus resultados de laboratorio, quizá necesiten controlar el sodio, el potasio, el fósforo, las proteínas o los líquidos.
El aceite de oliva suele ser bajo en sodio, potasio y fósforo, pero sigue siendo una grasa concentrada en calorías. La cantidad apropiada depende del peso, las necesidades energéticas y el resto de la alimentación.