Tritura las nueces hasta conseguir pequeños fragmentos. No es necesario convertirlas en harina, pues algunos trozos aportarán una textura agradable.
Coloca la remolacha rallada, la avena, las nueces y el huevo en un recipiente. Agrega el aceite de oliva, la pimienta y las hierbas elegidas. Mezcla bien hasta conseguir una preparación que pueda moldearse con las manos.
Si está demasiado húmeda, incorpora un poco más de avena. Si se siente excesivamente seca, añade una o dos cucharaditas de agua. Deja reposar la mezcla durante diez minutos para que la avena absorba la humedad.
Forma bolitas pequeñas y colócalas sobre la bandeja. Hornéalas entre 20 y 25 minutos, girándolas con cuidado a mitad de la cocción. Estarán listas cuando el exterior se sienta firme y ligeramente dorado.
La remolacha y la circulación
La remolacha contiene nitratos presentes naturalmente en algunos vegetales. El organismo puede transformar estos compuestos en sustancias relacionadas con la relajación y el funcionamiento normal de los vasos sanguíneos.
Por esta razón, la remolacha suele relacionarse con el rendimiento físico y la salud cardiovascular. Sin embargo, su consumo no sustituye los medicamentos indicados para controlar la presión arterial ni garantiza que una persona quede protegida frente a enfermedades circulatorias.