No deben presentarse como un tratamiento para la debilidad muscular. Su aporte nutricional forma parte de una dieta completa y variada.
Chía y linaza molida
La chía y la linaza contienen fibra y grasas de origen vegetal. La linaza suele aprovecharse mejor cuando está molida, mientras que la chía puede hidratarse antes de consumirla.
Una pequeña porción puede mezclarse con yogur, leche o avena. Al entrar en contacto con el líquido, estas semillas aumentan su volumen y producen una textura más espesa.
Es importante acompañarlas con suficiente hidratación. Las personas con dificultad para tragar, problemas intestinales o restricciones de líquidos deben consultar antes de incorporarlas frecuentemente.
Semillas de sésamo y girasol
El sésamo puede utilizarse molido o en forma de pasta. Aporta grasas, proteína vegetal y minerales. Las semillas de girasol también proporcionan grasas, vitamina E y pequeñas cantidades de proteína.
Ambas pueden añadirse a vegetales, panes caseros, cremas o ensaladas. Lo recomendable es evitar las versiones cubiertas con grandes cantidades de sal, azúcar o saborizantes.
Aunque son alimentos nutritivos, también concentran calorías. Una porción moderada suele ser suficiente para complementar la comida sin desplazar otros alimentos necesarios.