¿Cómo puede sentirse una deficiencia?
Una deficiencia de vitamina D no siempre produce síntomas claros. Algunas personas pueden tener niveles bajos sin notar cambios evidentes, mientras que otras experimentan cansancio, debilidad muscular, molestias generales o dolor en determinadas zonas del cuerpo.
El dolor puede sentirse en las piernas, la espalda, las caderas o los pies. También pueden presentarse dificultades para realizar actividades que antes resultaban sencillas, como levantarse de una silla, subir escaleras o caminar durante períodos prolongados.
Estos síntomas no son exclusivos de la deficiencia de vitamina D. La anemia, los problemas de tiroides, la artritis, ciertas lesiones, la mala circulación y otros trastornos pueden provocar molestias similares. Por esa razón, los síntomas por sí solos no permiten confirmar el diagnóstico.
Personas con mayor posibilidad de presentar niveles bajos
Cualquier persona puede desarrollar una deficiencia, aunque existen circunstancias que aumentan la posibilidad. Entre ellas se encuentran pasar poco tiempo al aire libre, mantener la mayor parte de la piel cubierta, tener una alimentación limitada o presentar dificultades para absorber correctamente los nutrientes.
Los adultos mayores también requieren atención especial. Con el paso de los años, la piel pierde parte de su capacidad para producir vitamina D mediante la exposición solar. Además, algunas personas mayores reducen sus actividades al aire libre o siguen dietas menos variadas.