La semilla milagrosa

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La fibra forma una especie de barrera inteligente: no deja que el azúcar suba como cohete después de comer. Eso le quita trabajo al páncreas, que muchas veces anda agotado, haciendo horas extra como empleado sin descanso en una tienda abierta de madrugada.

 

Sin esa ayuda, el azúcar pega brincos, luego cae, luego vuelve a subir, y tú lo sientes como hambre rara,antojo brutal, sueño pesado y esa niebla mental que te hace olvidar hasta por qué entraste a la cocina.

 

Con la linaza, el cuerpo recibe la comida de otra manera. Más lenta. Más pareja. Más civilizada. Y cuando eso pasa, el día deja de estar gobernado por subidas y bajones que te dejan hecho trizas.

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