Es esta gratificación instantánea lo que crea el “bucle de confianza”. Al notar la piel más suave, asumes que el producto está funcionando, pero aquí es donde la mayoría de nosotros nos equivocamos. Lo que tus ojos ven como una limpieza profunda es, en realidad, un ataque directo a la estructura misma de tu cutis. Pero espera, ¿qué es exactamente lo que ocurre cuando ignoras la ciencia detrás de este proceso? La respuesta te sorprenderá.
La ciencia oculta detrás de tu barrera cutánea

Para entender por qué el bicarbonato puede ser un enemigo, debemos hablar de química básica. La piel humana no es una superficie neutra; tiene un “manto ácido”, un escudo protector invisible con un pH ligeramente ácido, situado entre 4.5 y 5.5. Este manto es el guardián que mantiene las bacterias nocivas a raya y retiene la hidratación necesaria para que tu rostro se vea joven y terso.
El bicarbonato de sodio, por el contrario, tiene un pH alcalino que ronda el 9.0. Cuando lo aplicas sobre tu cara, especialmente si lo dejas actuar durante toda la noche, estás forzando a tu piel a abandonar su zona de confort. Es como obligar a un escudo a romperse. ¿Qué sucede entonces? La permeabilidad de tu piel aumenta, lo que significa que el agua se escapa más rápido de lo que debería. Pero eso no es lo peor; los efectos acumulativos son los que realmente deberían preocuparte.